Correr empieza mucho antes de los tenis
Cuando pensamos en correr con nuestros hijos, solemos imaginar el movimiento: los pasos, el ritmo, el sudor, la meta. Pero en el caso de los niños dentro del espectro autista, correr empieza mucho antes de los tenis… empieza con la comprensión.
Comprenderlos, observarlos y acompañarlos desde su forma única de percibir el mundo es el verdadero punto de partida.
Cada niño dentro del espectro es diferente
No existe un solo tipo de autismo, así como no existen dos personas iguales. Cada niño tiene una manera particular de sentir, procesar estímulos y responder al entorno.
Por eso, antes de invitarlo a correr contigo, es fundamental observar qué lo calma, qué lo incomoda, qué lo motiva y qué lo sobreestimula.
Por ejemplo:
Algunos niños disfrutan del viento en el rostro; para otros puede ser una sensación intensa y molesta.
Hay quienes aman los sonidos del parque, y otros que necesitan auriculares para sentirse seguros.
Algunos pueden mantener el ritmo por varios minutos, otros requerirán pausas frecuentes para regularse.
Comprender esto no solo mejora la experiencia del niño, también fortalece el vínculo y genera confianza.
La empatía como puente de partida
Más allá del entrenamiento o la meta, lo importante es cómo se sienten.
Cuando un niño con autismo se siente comprendido, baja su ansiedad, se abre al contacto y se vuelve más receptivo.
Correr, entonces, se convierte en una herramienta poderosa: no solo para el cuerpo, sino para el corazón.
Si como adulto logras observar antes de actuar, acompañar antes de exigir y empatizar antes de guiar, ya estás corriendo en el camino correcto.
Cómo empezar: tres pasos simples
Observa sus reacciones
Mira cómo responde a los estímulos: sonidos, luces, texturas, movimientos. Haz una lista mental (o usa la tabla sensorial del libro) para identificar lo que le gusta y lo que no.Elige el momento adecuado
Busca un horario en el que esté tranquilo, descansado y receptivo. Evita correr después de situaciones estresantes o cuando notes señales de sobrecarga sensorial.Transforma el running en juego
No le llames “entrenamiento”. Correr juntos puede ser una carrera de risas, una persecución de burbujas, o una aventura donde cada paso tiene una historia.
“Cada niño corre su propio ritmo. Lo importante no es llegar primero, sino disfrutar juntos el camino.”
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